miércoles, 9 de marzo de 2011

Los relatos de Víctor: Mi primera vez.

La adolescencia es una etapa dura, la transición de niño a hombre. Científicamente hablando, no se en que edad acaba uno y empieza lo otro, pero eso hablando en general. La mía acabo cuando conocí a Rebeca.

Aunque antes me hubieran gustado otras chicas y después de Rebeca me pude encaprichar de otras tantas, puedo decir alto y claro que en mi vida solo he amado una vez de verdad. Esto del amor es una sensación extraña, por eso huelga decir que me encontré en poco tiempo con un cóctel raro de emociones. Sí, tengo emociones. No penséis que soy un psicópata o algo así, vamos no creo. No guardo trofeos de mis victimas, no les saco fotos para masturbarme luego mirándolas, ni me excita matar a un colectivo en especial de la sociedad, todo eso es de enfermos. Lo mio, lo que incita mi lado oscuro, es odio puro y duro. Una cólera que solo se ha aplacado cuando ese afecto se ha cruzado en mi camino.
Para cuando estaba a punto de cumplir los dieciocho años, estaba con mis padres en una boda. Y en las bodas antes del banquete, lo que de verdad interesa en un enlace, hay una ceremonia. Pues allí la vi por primera vez. Tenía mi edad, unos meses menos creo recordar. Era, bueno es, alta, con largas piernas, con un rostro felino impresionante, llevaba el pelo rubio recogido con un moño del que le caían unos flecos de flequillo encima de la cara, vestía con un vestido negro que le dejaba la espalda al descubierto, me prende de ella nada mas verla y ella se fijo también en mi. No es que me las de Dandi, pero eso se nota, además tampoco estoy mal y de joven, a la edad que tenía cuando paso esto, todos somos guapos, salvo excepciones claro, pero bueno a lo que iba. Fueron varias las veces que nos cruzamos y todas era lo mismo; nuestras miradas se cruzaban para luego, en algo que parecía un acto reflejo, apartarlas rápidamente. Me entere que vivía en un pueblo a una hora, mas o menos, de distancia de mi localidad.

Había un problema; si ahora soy tímido con el sexo opuesto, a esa edad la timidez hacia las féminas era extrema, creo que siempre me he sentido un poco inferior, dar el paso de presentarme y demás asuntos del cortejo me cuesta una barbaridad. Pero al final de la jornada, cuando ya nos íbamos, caí en la cuenta de que si no lo hacía en ese momento quizás no la volvería a ver. Me decidí y fui hacia ella, a pesar de que estaba rodeada de todas sus primas y amigas, cual séquito real.

- Perdona - le dije, pero no me escucho, solo me faltaba eso para ponerme mas nervioso. Me atreví a tocarle con suavidad un brazo para llamar su atención. Que suave era y olía tan bien. Se giro y me miro, con esos ojos azules bien abiertos... Esa mirada se me ha quedado grabada con fuego en la mente. En serio, no la consigo olvidar.
- Es que... Me he fijado - titubeaba, ¡fatal! -. Esto, es que me... he fijado... que me mirabas... Y yo te miraba...

No pude empezar peor, parecía un payaso, ¿hay de eso en las bodas? Ella seguía mirándome, estupefacta. Yo solo podía pensar en que era preciosa.

- Pues eso - continué -. Que me he fijado en ti y quiero conocerte.

Por culpa de los nervios no recuerdo que me contesto, solo que la conversación no fue muy larga, pero no fue tan mal. Lo que no le pedí ni el teléfono, ni una cita, solo me presente. Que desastre, ¿no? No contestéis ya se que sí.

Los dos meses siguientes fueron de los peores de toda mi vida. Todos los días era lo mismo: Despertarme y pensar en ella. Durante la mañana en el instituto, pensando en ella. Comía poco porque solo pensaba en ella. Por la tarde con los amigos, pensando en ella. No lograba conciliar el sueño porque pensaba en ella. La situación me enfadaba mucho, eso de no poder controlar mi estado de ánimo me desesperaba. Al poco uno de mis amigos, Jonás, se saco el carnet de conducir y quedamos en ir a probar suerte en el pueblo de Rebeca. 

Una vez allí tuve suerte, la encontré.

Que voy a decir, volver a verla fue como un vaso de agua fresca para el seco gaznate de un perdido en la mitad del desierto. En esa ocasión llevaba el pelo suelto y vestía un conjunto floral, sus ojos parecían mas azules de lo que recordaba. Sus labios eran todo un ejemplo de diseño perfecto, ¿no os había hablado antes de sus labios? Gran error, porque acompañados de su sonrisa formaban el vinculo perfecto y en conjunto con todo ella era lo mas parecido a Venus que podía encontrar en el planeta. Ademas paso algo que me alegro el día. Al verme se acerco a mi y me hizo una pregunta retorica:

- ¿Eres Víctor? 

No me enrollare con el dialogo, pero esa tarde-noche salimos todo un grupo, mis amigos, otros conocidos que andaban por allí (odio encontrarme con conocidos, pero no son relevantes en la historia), sus amigas y primas. Nos bebimos unas cervezas en un bar del pueblo y me atreví a pedirle el numero de teléfono, me lo dio y me dijo que podía llamarla. Mas tarde se fue, me saludo desde dentro del coche en el que se marchaba, me despedí sonriendo. Si me hubierais visto, parecía tierno y todo. ne

- Creo que le gustas tío - me dijo Jonás - ¿Te ha dado su número?
- Sí - se lo enseño, lo miro fijamente.

Jonás conducía de vuelta a casa. Durante el viaje Pedro, el otro amigo que me acompañaba me dio su opinión.

- Puede que te salga bien, nen - dijo, para luego apuntillar -. Pero no se si le interesara alguien como tú.

No le dije nada, ni siquiera lo mire. Miraba al exterior a través de la ventanilla del coche. Pedro me conocía lo suficiente para saber que no era fácil de tratar, no se me da muy bien la gente. Aunque por Rebeca pretendía cambiar lo que fuera necesario. Pedro me seguía dando su parecer, no entendía como podía hablar tanto. No le prestaba demasiada atención, lo que me decía ya lo sabía, por eso en mi interior había empezado una dura lucha. Estaba dispuesto a todo por ella, hasta abandonar lo que mas pegado tenía a mi ser:

- ¿Ya está? - me preguntaba mi amigo interior -. ¿Todo se acaba sin ni siquiera haber empezado?
- Sí - conteste.
- No es tan fácil. Tienes mucho que aprender, todavía eres un crío. Confundes conceptos. ¿Crees qué tus amigos te ayudaran con ella?
- La quiero, estoy totalmente enamorado de ella. No lo puedes entender.
- Es demasiado pronto para sentir eso, no seas estúpido. Somos uno, tenemos los mismos intereses.
- ¡No! Esto es demasiado bonito, no solo un interés. No puedo permitir que lo que siento caigas en tus garras.
- Nosotros la cuidaremos, juntos...
- Se acabo - interrumpí tajante -. ¡Largo!

Me dio la sensación de que "eso" se retiraba a las sombras de mi subconsciente bufando como un gato. Digo como un gato porque son animales que no me inspiran ninguna confianza, siempre observan desde un rincón seguro.

La llamaba todos los días. Charlábamos un rato y poco a poco iba cogiendo confianza en nuestras pequeñas conversaciones. De momento me conformaba con eso, no disponía de medio de transporte para desplazarme y poder estar con ella y no podía coger el tren cada día, tenía estudios y trabajo, era complicado. Pero en nada me examinaba de practica de coche y ya estaba dispuesto a pedirle salir, seriamente.

Una tarde me dijo que Jonás también la llamaba y me pidió que le dijera que no lo hiciera, que no entendía porque la molestaba. Eso me sorprendió, ¿por qué la llamaba? Le dije que le diría a Jonás que no la llamara mas. Pero no lo hice, entonces creía en la nobleza entre amigos. Confiaba en que ninguno de mis amigos me haria algo que yo no les haría, robarles la ilusión. Pero como me dijo mi "amigo interior": "Tienes mucho que aprender". Y otra vez empezaba a notarlo a la altura del pecho, observando, riéndose entre dientes: "Sigo esperando".

Y la intuición se torno realidad. Al final conseguí subir a su pueblo para verla, acompañado de Jonás y Pedro. Pero ya no la vi más. Cuando me vio, una de sus primas me dijo que se había ido con un compañero de su clase. No le pedí más explicaciones, me colapse. Solo me retire y sucedió algo que no me ha vuelto a pasar: Llore. (Patético personaje).

Pasaron dos meses y estaba pasando un fin de semana en Zaragoza con un grupo de amigos, entre los que estaba Jonás. Yo todavía llevaba una depresión de caballo encima. Puede que mi "interior" tuviera razón cuando me dijo que era muy pronto para sentir un golpe de amor como ese, pero allí estaba yo: De juerga en plena noche Zaragozana y solo en un rincón de la barra del pub a causa de esa mierda de tristeza que me estaba consumiendo. No lograba comprender porque entre tantas chicas guapas, sentía esa necesidad por Rebeca. ¿Que la hacía tan especial? Al fin y al cabo no la conocía tanto, no lo entendía, ni lo logro entender ahora.
"Me largo al hostal", pensé. Me levante y fui hacía donde Jonás y el grupo.

- Yo me piro, no estoy muy fino - le dije, mientras Jonás me miraba resignado.
- Tío - exclamó -. La noche acaba de empezar, quédate un rato más.
- No, si no al final echare hasta la primera papilla.

Jonás estaba bastante bebido, pero decidió quedarse con los amigos zaragozanos. Yo me fui caminando tranquilo hacía el hostal. Al poco empezó a llover a cantaros. Pero me daba igual, al fin y al cabo, solo era agua. Decidí sentarme en un rellano, necesitaba aclararme las ideas. Estaba harto de la situación, me empezaba a desbordar, no me quitaba a Rebeca de la cabeza.
Al rato, vi que corría entre la lluvia una figura familiar. Era Jonás, debía haber pasado una hora y media desde que lo deje en el pub, cuando me vio paro a mi lado. 

- Joder - dijo -. ¿Qué haces aquí sentado? Estas como una puta cabra.
- Y tu bastante tocado - conteste mientras hacía ademan de botella con la mano.
- Sí, es que te has ido en lo mejor. Oscar nos ha invitado a varias rondas, como ha encontrado ese curro en el que le pagan tan bien.
- Bueno.
- ¿Vienes al hostal? - preguntó. 
- Sí, pero no quiero correr.
- Pues nos vamos a empapar bastante. Joder como llueve.
- Es solo agua Jonás - dije mientras me levantaba -. Así nos despejamos.
- Pues venga - asintió.

Caminábamos al unisono, la lluvia no se calmaba. No se veía un solo coche, ni una sola persona. Para llegar al hostal teníamos que cruzar un puente sobre el río Ebro.
El suelo del puente resbalaba un poco, Jonás dio un traspié, lo pude sujetar antes de que se cayera. Me fije que el Ebro bajaba embravecido y subiendo de nivel a causa de la tormenta. Seguimos caminando.

- Vamos a pillar una jodida pulmonía.
- ¿Por qué la llamabas? - pregunté, pero yo ya no formulaba las cuestiones, "él" estaba otra vez conmigo.
- ¿Qué?

Mi mirada era fría, en esos momentos solo era una marioneta de mi subconsciente.

- Se sincero Jonás - le ordene - ¿Por qué llamabas a Rebeca?
- Que pesado eres Víctor - contestó -. Porque estaba muy buena, ¿por qué si no? Además le dije varias trolas para que pasara de ti. Pero olvidala ya, el mundo esta lleno de chochitos.

No intento ocultarmelo, eso me sorprendió un poco, pero esa bravuconería era mas a causa del alcohol que a su personalidad, ya que Jonás era bastante rastrero en ciertas cosas. Yo intentaba mantener el control, a pesar de que Jonás se lo tomara en broma.

- Pero sabía que yo la quiero y tú eres mi amigo...
- Espera, gilipollas - me interrumpió -. En esto no hay amigos, quien puede la mete primero. Pero ella se fue con otro. Mala suerte, ni pá ti ni pá mi.

Os he dicho que intente mantener el control, pero no pude. En ese momento creo que hasta el corazón se me paro.

Sin pensarlo le agarre con fuerza de la cabeza, a la altura de la nuca y le empotre la frente contra la barandilla del puente, se escucho un sonido tosco: ¡Clock! Después todo fue muy rápido. Jonás se puso las manos en la  herida que le causo el golpe, no le di tiempo a mas, le golpee la rodilla que soportaba el peso del cuerpo con la planta del pie y se la rompí. Jonás grito de dolor y antes de que pudiera cogerse a la baranda lo tire por encima de la misma cogiéndolo de los pies. Fue breve, tal como cayo al río, se lo trago. No me quede demasiado tiempo mirando, la lluvia limpio la sangre que había quedado en el suelo y en la baranda. En mi interior solo oía una risa impía, nada mas.

Antes os lo dije, lo mío es puro odio. A Jonás lo mate culpándolo de lo que había pasado, toda mi ira cayó sobre él, pero no fue solo culpa suya. Podría haber hecho muchas cosas para luchar por Rebeca; No tendría que haber creído lo que me dijo su prima, ves a saber cuanto había de cierto en lo que me contaron. Tendría que haberle insistido a Jonás que no la llamara, podría haber ido a por ella y decirle que estaba perdidamente enamorado de ella y que podía haberle ofrecido todo mi ser, ect. Pero no, escondí la cabeza, lamentándome. Deje que otros tomaran el control de la situación, de mi situación. Pero mi "amigo interior" tomo el control con un acto salvaje de ira irracional, me hizo saber que aun estaba ahí, haciéndome ver como se podían descontrolar los asuntos si prescindía de él. Jonás fue mi primera víctima, mi primera vez, y como tal fue un poco desastre. Podría haberme visto alguien e incriminarme, podría haber pasado cualquier cosa, pero tuve suerte. Todo lo achacaron a un accidente por el cóctel fatal de alcohol que presentaba Jonás y el mal tiempo que pudo propiciar el infortunio. Nadie me relaciono con el "accidente"

Por otra parte, tanto "él" como yo nos dimos cuenta que el amor es aun más poderoso que nosotros. Que es capaz de arrinconar a mi "amigo" en el más oscuro rincón de mi psique. Aun pasa ahora, cuando pienso en ella, cuando me invade la melancolía, mi "compañero" se ve superado por ese sentimiento y se aparta a un lado mientras cuchichea entre dientes un rabioso: "Imbécil".


16 comentarios:

Iguana Elreptil dijo...

Este victor tiene potencial escribiras mas?

intruso dijo...

El primer amor, el primer deseo, esa caricia púrpura con la que el mundo nos dice en un susurro entrecortado y placentero : "bienvenidos"

Muy bueno, espero que sigas escribiendo. Un saludo :)

Dante dijo...

Hola Iguana, sí tengo mas historias para Víctor.
Yo no lo habría descrito mejor intruso. Seguiré en ello y bienvenido.
Gracias.

Alex Noiser dijo...

Muchas gracias por pasar! Un saludo ^^

Diorella dijo...

Me gusta la historia, espero leerte por mucho tiempo.
PD:no soy muy buena en poesia, pero se te dá muy bien.
saludos.

Dante dijo...

Gracias Diorella, eres muy amable.
Hay mucho que aprender.
Un saludo y gracias por la visita.

Sarai dijo...

Me a gustado mucho, me gusta el final no se es inesperado.
Espero el siguiente relato con ansias;
Sigue así.

Dante dijo...

Gracias Sarai.
Escribiré mas, no lo dudes.
Gracias por pasar.

Pelayo dijo...

Impresionante, de 10

Dante dijo...

Gracias Pelayo, se agradece la nota.

kadmus dijo...

Me gusta Víctor...y Jonás se lo merecía...y no se por que tengo un Déjà vu

Dante dijo...

Kadmus, comida para los peces.
¿Un Déjà Vu? buuuff

Sergio dijo...

Me ha gustado mucho el relato, ya te dije que este personaje tiene algo que me engancha. Todos los comienzos son difíciles, pero estoy seguro de que con el tiempo aprenderá a depurar su "técnica". Esperando el siguiente me hallo.

Dante dijo...

Sr. Sergio, el siguiente en marcha esta, junto con otros proyectos.

Freddy dijo...

Amigo Dante, qué bien que has soltado mucho la pluma, que dicho sea de paso, excelente, me ha gustado y me ha dado un poco de pena que tu blog sea para crear cosas como estas, mientras que yo sólo lo he usado para despotricar y quejarme de todo, no tengo remedio, jajaja.

Un abrazo

Dante dijo...

Amigo Freddy, que alegría saber de ti. Me alegra que te haya gustado y a mi tu blog me parece muy valiente, ya te dije una vez que eres un gran orador, un fenómeno.
Me alegro de tu visita.
Un abrazo Freddy.