lunes, 7 de febrero de 2011

El forastero.

“El mundo se ha vuelto loco, eso, o es que ahora no lo esconde”.
Jordi siempre pensaba lo mismo cuando el alcalde organizaba alguna fiesta. La gente reía y era feliz en la localidad. Era de las pocos pueblos, muy pocos, que todavía tenían electricidad gracias a que, ves a saber porque, la presa hidroeléctrica permanecía de una pieza a pesar de la gran guerra.
 
También disponían de comida, no demasiada, pero el alcalde la racionaba estrictamente para el centenar de habitantes que sobrevivían en el lugar. De vez en cuando llegaba una caravana de comerciantes y entregaban provisiones al alcalde, mayoritariamente carne del ganado que conseguían mantener vivo, a cambio de electricidad para la granja de estos, que estaba situada a unos 30 kilómetros de distancia y era abastecida mediante la vieja red eléctrica, así que el trueque era fácil: comida o cortamos el cable.  Y en cuanto a la discreción de los comerciantes, no era un problema; a ellos tampoco les interesaba que se les conociera demasiado.

Por eso que pensando en la discreción le extrañaba que el alcalde hubiera permitido vivir al último forastero que llego al lugar. Le extrañaba mucho, pero seguro que este disponía de algo que le interesaba al manda-más.


Lo observo durante un rato, estaba apoyado en una vieja pared medio derruida mientras miraba a la multitud, al lado del fuego de un viejo bidón que le calentaba. Se fijo que miraba sobre todos a una mujer en particular, a Anna. No era extraño, pensó, siempre fue de las más guapas del lugar y aun ahora eso seguía igual, aunque la compañía obligada del alcalde hubiera apagado el brillo en sus ojos.

Se aventuro a acercarse a ese tipo para charlar con él, pero con un poco de recelo. Este no se separaba de su machete ni de su fusil. Aunque hoy en día era de tontos no ser precavido.

-          ¿Cómo te llamas?

El hombre le miro por un instante, casi sin mover la cabeza.

-          Ángel – contesto.
-          ¿Y te apellidas?

Ángel lo miro escéptico.

-          ¿Importa ahora un apellido? La verdad, dudo mucho si quiera que sirva de algo un nombre.

Jordi se dio cuenta que sería complicado romper el hielo.

-          ¿No te unes a la fiesta?
-          No, estoy bien aquí. Nunca fui aficionado a las fiestas.
-          Ya, pues tendrías que aprovechar. No creo que se celebren demasiadas por otros lugares.

Ángel alzo la vista al cielo.

-          ¿Sabes una de las cosas positivas de todas las desgracias que han acaecido en los últimos años? ¿Algo que de verdad me hace sentir bien?
-          ¿Qué? – pregunto extrañado, por el giro de la conversación.
-          Estrellas – sonrió –. Vuelven a verse estrellas por la noche. Es magnífico.
-          No entiendo a que viene todo esto – apunto Jordi -. ¿Estrellas?

Ángel volvió a mirar al fuego.

-          Eso viene a que te andas por las ramas con la fiesta, a mi la fiesta me importa una mierda. Igual que a ti a las estrellas. Así que ve al grano y esto dejara de ser una conversación estúpida. O eso espero.

Jordi se sorprendió: “Hielo roto”- pensó.

-          ¿Qué has venido a hacer aquí?
-          A intentar poner orden a mi vida – contesto-. O a ver si todavía quedaba algún resquicio de ella, de la mía.
-          ¿Y eso como se consigue? – dijo entre medias de una risotada.
-          Aquí vivía una antigua amiga. Por eso vine, a comprobar si estaba bien – dijo mientras dirigía la mirada donde se encontraba Anna. Jordi se percato.
-          No lo ha pasado bien – dijo llamando la atención de Ángel -. Siempre fue de las más guapas de aquí, pero nunca ha encontrado a quien la quiera. Vamos, a quien la quiera de verdad, no solo para aprovecharse. Y ahora, para colmo, el alcalde la ha cogido como una de sus “protegidas”.
-          ¿De sus protegidas? – A Ángel le sorprendió, por lo que recordaba Anna nunca dependió de nadie para tirar hacia delante. Lo que le dijo Jordi le sorprendió pero llego a la conclusión de que había algo más: Que algo mas importante que ella misma se interponía a su orgullo - ¿Ese tipo? Ya era alcalde antes del cataclismo.
-          No, ni siquiera es de aquí – contestó Jordi -. Creo que debe ser un asalariado de “Los celtas”, porque si no, no entiendo que le permitan controlar un punto como este. Vamos, que este pueblo debe ser estratégico por la eléctrica, digo yo.

Los celtas… Ángel se quedo pensando en eso. Eran antiguos soldados del ejército que se habían hecho con el control de gran parte del país. Eran policía, jueces y ejecutores. Y no precisamente por ese orden.
Mientras tanto la gente se apelotonaba alrededor de las barbacoas. Ángel se percato de que al Alcalde y los suyos no les interesaba demasiado la carne que habían dado a los ciudadanos. Anna tampoco comía, ni siquiera se atrevía a alejarse del lado de ese cacique.

-          ¿Por qué no te ha matado? – Jordi interrumpió sus pensamientos -. El alcalde no se caracteriza por ser piadoso con los extranjeros.
-          Creo que de momento le intereso más vivo, tengo una información que le interesa. De momento juego esa baza, no sé lo que durara pero es la única que tengo.
-          ¿Qué es lo que sabes?
-          Eso es cosa mía.
-          Entiendo – dijo Jordi. De repente se puso serio -. Lárgate cuanto antes, este pueblo es el infierno. Pero por favor sálvala a ella, llévala contigo aunque sea por la fuerza. El Alcalde tiene encerrada a su hija, nunca se irá por su propia voluntad sin ella. Y aunque nos alimenta somos sus putos esclavos.

Ahora lo entendía, era eso. Anna estaba tan dócil a causa de su hija. Era prisionera del Alcalde. Los habitantes del lugar empezaban a repartirse la carne a la barbacoa.

-          Si tiene una hija, nunca la dejara atrás – dijo Ángel -. No sé cómo se te ha pasado por la cabeza…
Una mujer mayor interrumpe la conversación con dos platos de carne, Jordi coge uno, el menos hecho. Ángel lo rechaza diciéndole a la mujer que no tiene hambre.
-          ¿Cuántos años tiene la cría? – pregunto Ángel a Jordi.
-          Nueve años, ¿por?
-          Porque no sé si sois unos monstruos o unos gilipollas ignorantes.

Jordi dio un paso atrás.

-          ¿A qué viene eso? Por lo menos la gente del pueblo es hospitalaria contigo.

Ángel se acerco.

-           ¿De verdad no lo sabes? ¿No sabes cómo os controla el alcalde? Por lo menos con el miedo al hambre
-          ¿El qué?
-          En la guerra murió mucha gente a mí alrededor. La mayoría incinerados por las bombas del ejército. Ese olor a carne humana quemada se me ha quedado grabada en la jodida parte del cerebro donde se memoricen los olores. Y esta que os están sirviendo apesta igual que aquella.

Jordi soltó el plato enseguida. La verdad es que lo sospechaba pero nunca quiso creerlo. No pudo evitar vomitar a pesar de no haber comido nada. El resto del pueblo se quedo mirándolo vomitar, como si hubiera cometido un sacrilegio, mientras a muchos de ellos les caían chorretones de grasa por los labios. Se hizo el silencio durante un buen rato.

Deseaba acabar con aquella escena tan dantesca, pero Ángel fijo la mirada hacia donde se encontraba el alcalde. Este paso un brazo sobre los hombros de Anna y lo miro fijamente. Las miradas de los dos hombres se cruzaron y ambos tomaron una determinación. Ángel intentaría llevarse a Anna y su hija, no les debía nada, pero no podía negar que sentía algo por ella, aunque confundía los sentimientos. Y si por el camino podía decapitar al alcalde seria todo un placer, casi una obligación. Debía actuar rápido.  

Por su parte el alcalde decidió que Ángel debía morir. Era igual que nunca se pudiera hacer con los antibióticos que este guardaba si lo matara. Aunque las medicinas sean una mercancía valiosa, no podía permitir que sus negocios con la granja salieran a la luz y menos que llegaran a los oídos de Gabriel, eso no, sería un doloroso final para su persona. Así que esta noche uno de los dos debía morir: “Y yo tengo un comodín para la partida aquí mismo”- pensó mientras apretaba a Anna con su brazo.

12 comentarios:

rossae dijo...

"Impresionante"... es lo primero que he pensado al terminar el relato... Eres el más mejor!

Dante977 dijo...

Gracias. Tengo que arreglarlo un poco.
Esto es una parte de algo mas grande.
Espero que llegue a buen puerto.

Sergio dijo...

Me ha gustado bastante la forma en que comienza la historia, directamente al grano, sin introducciones, de forma sencilla pero original al mismo tiempo. Llevo unos días pensando en la historia que tengo en la cabeza y lo primero que he pensado al acabar de leer tu relato ha sido "voy a empezarla ya".

Me has inspirado.

Dante977 dijo...

Sergio ya estas tardando, quiero ver tu blog en marcha.
Ahora me pondre a revisar algunos escritos de mi adolescencia y los arreglare para colgarlos en el blog
Lo dicho, empieza con el blog y lo enlazo al mio.
Adiós.
PD mierda teclado del movil.

frado dijo...

guauuuuuu

Dante977 dijo...

Ooooeeeeeee!!!!

nOnO dijo...

Deliciosamente macabro. Me encanta.

Dante977 dijo...

Hala NoNo, cuando quieras me invitas a algo...

Rut Salazar dijo...

¿sabes? es que te envuelve desde el inicio! Me ha encantado =)

Dante977 dijo...

Gracias Rut, me alegro de que te guste. :D

Sarai dijo...

uau....me a encantado la parte donde se entera de que es carne humana...realmente muy bueno.

Dante977 dijo...

Me alegra que te guste Sarai.
Gracias.