jueves, 29 de julio de 2010

Los relatos de Víctor: Solo recuerdo que la titule "Carros de fuego".


Es raro, no es normal que recuerde momentos de mi niñez. Es una etapa que tengo bastante escondida en ese rincón de la memoria que todos tenemos, ese donde desechamos lo innecesario y para mí la edad de la inocencia fue eso, una transición para llegar al máximo de mis habilidades, el súmmum de mi potencia y una verdadera molestia para mi verdadero ser.

Pero hoy paseando me he cruzado con él. Le he reconocido enseguida, él a mi no y de todos a los que considero ejecutable este es al que mas "cariño" le guardo. Fue, en parte, gracias a él que empecé a conocerme de verdad.



Creo que estaba en quinto o sexto de EGB y mi clase era muy típica: empollones que miraban por encima del hombro a todo el que no fuera un macarra matoncete, los macarras imberbes que atormentaban a esos empollones que te miraban por encima del hombro, niñas orgullosas porque ya podían empezar a usar sujetador, otras que se avergonzaban por el mismo motivo y el raro, tímido, retraido, que también era objetivo de los matones sin pelos en la cara, yo. Ah, y Mari, que para entonces me gustaba y para mí era muchas cosas.

En una ocasión, en la clase de castellano, el profesor nos mando hacer una redacción de tema libre, creo que fue de las primeras que hice con la temática a voluntad. La escribí, pero no os puedo decir de que iba ya que solo recuerdo que la titule: "Carros de fuego".

El caso es que varios compañeros de clase la leyeron y gusto bastante. Todo eran felicitaciones y golpecitos en el hombro. Debo reconocer que por una vez me gusto ser el centro de la atención, si hasta le gusto a Mari, que me felicito y todo. Y puestos a decir, también le agrado a José Manuel, que decidió copiarlo con mi permiso. Sí... me lo pidió y yo le deje, debo recordaros que era un niño y lo poco que me gusta esa etapa de mi vida. Fue una estupidez, no hay que ser adivino para llegar a esa conclusión.

Al día siguiente el profesor nos hizo quedarnos después de clase.

- Bueno chicos, que redacción mas buena que habéis escrito - dijo con una sonrisa bobalicona.
- Es buena, ¿eh? - Corroboro orgulloso José Manuel.
- Pues sí, el nivel es alto - confirmo el maestro mirándonos muy serio - ¿Quién se la ha copiado a quién?

José Manuel me dio un pequeño empujón simulando sorpresa:

- ¿Me copiaste la redacción? - espeto.

Me dio el empujón con un claro mensaje entre líneas: "comete tú el marrón, porque como te chives te vas a enterar".

En ese momento lo sentí por primera vez, fue como eléctrico, ¡ZAS!
Note algo en mi pecho que me inundo por completo, sentí ganas de saltar encima de José Manuel y hacerle mucho daño para después cargar mi ira contra mi profesor, por tan solo dudar de quién era el autor de la redacción. Él era el profesor y nos habia tratado todo el puñetero curso, se supone que esas cosas ya las tendría que suponer. Pero para aquellos tiempos yo era un delgaducho que no se metía en peleas y José Manuel estaba más desarrollado y curtido en las riñas de patio y contra mi maestro era obvio que no tenia nada que hacer. Entonces esa "sensación" que me inundo lo entendió y se volvio racional: "Ya llegara el momento" me susurro en la cabeza. Mire al profesor:

- Copie yo, lo siento - afirme.
- Vaya - respondió, creo que no se lo trago, ahí me di cuenta de que su pregunta anterior tenía mucho de retorico y me sentí mal por haber deseado matarlo - ¿Estás seguro?
- Claro.
- ¿Lo ves? - se levanto José Manuel señalándome con las dos manos.
- Bueno, has suspendido la reddacción y creo que te suspenderé la asignatura - dijo el profesor con tono decepcionado, creo que sabía que mentía pero no insistió demasiado en sonsacarme la verdad -. Tendrás que recuperar en septiembre.

No dije nada, solo me levante y salí del lugar, pensando en que por su culpa mis padres no me comprarían el 486 que me prometierón si lo aprobava todo.

En el pasillo me alcanzó José Manuel, que salió detrás de mí, me cogió el cuello con el brazo.

- Ya sabes que esto se queda así, si no ya sabes la que te espera - advirtió señalando más adelante, donde estaban sus amigos Ramón, Juan y la novierta de colegio del último, Mari (sí... la que me gustaba)
- Sí, lo sé - conteste parco en palabras, como siempre.

Me solto y siguió corriendo hacía su grupo. Al llegar a ellos empezarón a cuchichear, seguramente del asunto que nos había llevado a hablar a solas con el maestro. Soltaron a la vez una exagerada y falsa carcajada mientras me señalaban.
En mi interior algo rugía, una bestia aullaba colérica, pidiendo violencia, pero otro susurro en mi cabeza lo acallo. Me quede quieto en el pasillo, ensombrecido por algo que no llegaba a comprender, observándolos mientras se marchaban riendo. Ni siquiera la mirada preocupada que Mari me concedio pudo dar un poco de luz a la negra presencia que se empezó a apoderar de mi aquella tarde.

Unos días mas tarde atropellaron a Mari al cruzar la autovía de camino al colegio, mentar que entonces existía un paso subterráneo para ese fin. Tuvo que ser hospitalizada de gravedad con huesos rotos, contusiones y quemaduras graves por el roce contra el asfalto. ¡Ah! Yo no tuve nada que ver.
En clase se creó una gran conmoción, todos estaban apenados por lo sucedido mientras que a mí, por el contrario, en ese momento me dejo de gustar. ¿Cómo podía ser tan estúpida de cruzar por una carretera, que ya antes había dejado huérfanos, habiendo un paso bajo tierra preparado para eso?

Pero entre todas las conversaciones y plañimientos del momento, oí a José Manuel decirle en voz alta a su hermana gemela, que iba a la misma clase, lo que yo había pensado, más o menos.

"Es el momento" me cuchicheo la voz en mi interior. Sonreí... Sí, era el momento.

Al salir al recreo me acerque a Juan.

- ¿Como está tu novia? - le pregunte.
- Muy mal tío - contesto con mucha educación, me pareció hasta agradable, cosa que no era al estar rodeado de sus amigos. Hay que ver lo que influye el factor grupo.

Lo mire con cara de preocupación.

- Espero que se cure - lo mire tímidamente -. ¿Habéis discutido con José Manuel?
- No, ¿por?
- Nada, es que en clase se estaba riendo del accidente y me extraño mucho - dije -. Creía que erais colegas.

A pesar de lo simple de mi maquinación (ser comprensivos era un crio, ahora me he vuelto más sofisticado) al ver la mirada de Juan creí que me había salido el tiro por la culata, pero no dijo nada y se fue corriendo hacía donde estaba Ramón. Hablaron un rato gesticulando con exageración y luego fueron a la zona de los bancos donde estaba sentado José Manuel, los dos juntos porque... así funcionan los macarras, solos no son nada.

Empezaron discutiendo, José Manuel negándolo y, por suerte, no salió mi nombre en la discusión. A veces creo que un ángel de la muerte o algo parecido me ayuda un poco de suerte en mis planes cuando la cosa parece que se va a torcer, luego me doy cuenta que lo que pasa es que la gente es idiota, no hay nada místico en eso. Sigo: Cuando Juan perdió la paciencia le arreo un puñetazo en los morros, José Manuel cayó al suelo y empezó a recibir patadas de sus dos "amigos". Un par de profesores llegaron al tumulto y separaron a los implicados... menos a mí. José Manuel acabo con el ojo y pómulo derecho amoratado y con contusiones en todo el cuerpo. Yo observaba a lo lejos y sentí que lo de dentro se había saciado de momento.

Dos días después José Manuel volvió a clase y antes de que llegara el maestro escribió un texto en la pizarra pidiendo perdón a Mari. Juan y Ramón lo miraban desde el fondo de la clase y debatían si perdonarlo o no. Me pareció una escena absurda, hasta en mi interior escuche una sonrisita irónica que me hizo sonreír, no les tocaba a ellos perdonar, pero se habían adjudicado ese papel. Los dictadores de la clase se daban el rol jueces y benévolos perdonadores, como he dicho: ilógico.

Me había tomado mi particular venganza, pero seguí siendo objetivo de chulos de colegio hasta pasados unos años. Hasta que en el instituto volvió a rugir con fuerza ese animal oscuro y calculador que me domina, esa vez para quedarse.

Y hoy, por cosas de Doña Fortuna, que no siempre da por culo, me he cruzado con José Manuel. He decidido seguirle, investigarlo y luego con calma decidiré cómo actuar. Me pregunto si me recordara, si no es así yo hare que me recuerde, no lo dudeis.

Por cierto, me llamo Víctor, recuérdame.

14 comentarios:

rossae dijo...

Gran relato, si señor...

Me ha recordado a nuestro amigo Dexter.

Saluda a Victor de mi parte ;)

Saludos

Dante977 dijo...

Es mi particular homenaje al de Miami. Pero este es mas castizo.
Le haré llegar tus saludos.
Gracias, Rossae.

Sther Riello dijo...

Hello!

¡Que chula! Una historia muy guapa y super bien contada. (Como siempre)Jeje

saludillos!

sylvia dijo...

Muy chulo!

rossae dijo...

Gran homenaje! Me quedo con Victor, por eso de ser más castizo ;)

Gracias, por qué?

Saludos!

Dante977 dijo...

Gracias Sther, me alegra que te guste. Pero tengo mucho que aprender. Aunque aprender es bueno.

Gracias por la visita Sylvia, me alegra que te haya gustado.

Rossae: Gracias, pues por esta ahí siempre, leyendo mis paranoias y desde el nacimiento del Blog.

rossae dijo...

Me gustan tus paranoias :)

Sergio dijo...

Como ya te dije, me gusta mucho. Este relato tiene algo que me engancha. Espero que lo continúes porque pienso que Víctor tiene mucho potencial.

Espero el segundo capítulo.

PD: Me encanta el título.

Anónimo dijo...

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- Lucas

Anónimo dijo...

Vaya, con ese apoteósico final podías haber recomendado que escucharan al gran Vangelis.

Keep it up!

Dante977(DDM) dijo...

Vangelis... ojala algún día compusiera algo para una obra mía, soñar es fácil.
Pero este "carros de fuego" no es mas que el titulo de una redacción de un crío que desconocía la obra de Hugh Hudson.

Un saludo y seguiré así, gracias.

Nikita dijo...

puff me he enganchado a la historia

saludos

Dante977(DDM) dijo...

Gracias Nikita.

Diorella dijo...

Querido Dante, si por esas cosas del destino, algún dia nos cruzáramos en la vida, por favor, recuérdame que eres Victor, (por si acaso).
Buen relato, y buena maquinación de venganza.
Saludos Dante